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Punto
de arranque
“El momento cumbre de la historia no está en
el pasado, sino en el futuro”.
A partir de la “tres
edades”, del abad italiano Joaquín de Fiore (1135-1202), El pasado
es “la edad del padre”, el presente
es “la edad del hijo” y El futuro
es “la edad del espíritu santo”.
Según los postulados de este visionario monje, y a día de hoy, estaríamos
instalados en la edad del espíritu santo: El progreso es, científicamente,
lineal e irreversible; yendo a un avance (materialmente hablando) incesante
de la humanidad: con máquinas más eficientes, mayores perspectivas de vida e
impensables adelantos tecnológicos: “si quieres conocer el futuro estudia el
presente”). -Y su contrapunto, probablemente, sería: si
quieres conocer el futuro estudia el pasado-.
¿Por
qué el paso del tiempo es circular?
“Los antiguos en el cielo solo veían círculos”
Aristóteles
(384 a.C. – 324 a. C.)
El paso del tiempo, desde los primeros mitos
hasta la metafísica actual:
- Prehistoria
y protohistoria
- Ciclos
temporales: así, llamado eras
- La
noche y el día
- Las
estaciones y los años (solares y lunares)
- Ciclos
reproductivos
- La
vida y la muerte
Su mayor valedor fue el sociólogo estadounidense de
origen ruso Pitirim Sorokin (1889 – 1968), plasmado en sus estudios acerca
de los ciclos sociales.
La teoría de la ciclos es originaria
desde las primeras manifestaciones (que conocemos como) históricas. Encarnación
de la completa permanencia y de la oscilación perfecta ascendiendo hacia la
perennidad; donde se sitúan el comienzo del fin y el fin del comienzo. La misma
simboliza la naturaleza inmutable de las cosas, el esfuerzo imperecedero, el
combate sempiterno, o el sacrificio estéril. De igual forma, el insigne
antropólogo rumano e historiador de las religiones, Mircea Eliade (1907 - 1986),
desarrolló la teoría (complementaria) de “El mito del eterno retorno”
(mediante el rito y la sacralidad) y otros juicios
advertidos, igualmente, como ciclos; que se inician nuevamente en cuanto
finalizan. En un aspecto más amplio se alude al paso del tiempo y la
persistencia de la vida. Y, así mismo, se emplea como figura retórica en la
regeneración de los objetos materiales que jamás dejan de existir y que solo
mutan en la permanencia.
Discusión
¿Se puede llegar a progresar en un plano,
estrictamente, material? Posiblemente, sí. Nos rodean “pruebas” que, aparentemente, así lo atestiguan. Y… ¿eso, es todo?
Bajo esta “dogmática”
premisa, es razonable decir que, lamentablemente, no se ha avanzado ciertamente en un nivel más "elevado", más espiritual, más
intelectual; en definitiva: en un plano más integral de la PERSONA.
Cuerpo
y espíritu
deambulando erráticamente y por separado. No se acompañan; no cohabitan en el
mismo ser.
En consecuencia, todos deberíamos de tener, meridianamente,
claro que una PERSONA no es,
solamente, un cuerpo físico; con una clara tendencia a la mejora de su forma de
vida material, sino que es un compendio de identidad (espiritual), familia,
comunidad
y sociedad (o civilización).
Prueba
de todo ello, la presente civilización occidental, es marcadamente
sensitiva (o, señaladamente, epicúrea), egocéntrica, pretendidamente
autosuficiente, materialista; dedicada (íntegramente) al divinizado progreso
tecnológico y a su propia (y anunciada) decadencia. Transitando, la misma, desde
un nihilismo institucionalizado hasta concluir (si nada lo remedia) en un obscuro,
agonizante y trágico final. Por lo que, debido a lo
anteriormente expuesto y a partir de sus cenizas, ¿es posible la
aparición de una nueva era idealista?
La
Modernidad y el Tiempo
Desde un enfoque, indistintamente,
cosmológico como, de igual manera, metafísico, el “Tiempo no existe”; se
entiende como una “convención pactada”
entre civilizaciones, culturas y pueblos. A raíz de todo ello, las imperantes sociedades
occidentales tienen prisa para todo; necesitando resultados inmediatos. Por el
contrario, los pueblos que respetan la tradición (su historia, su acervo cultural y
a sus antepasados) saben que, ésta, es una de las grandes debilidades
del mundo occidental (moderno). Esos mismos pueblos que respetan la historia
-¡su historia!-, reverencian lo antiguo y a sus ancestros. Por lo tanto, y
haciendo referencia a su sentido de la vida, son más profundos,
universales, coherentes, naturales y excelsos.
Y, por esa razón…
Occidente posee las máquinas pero, la Tradición, es dueña del
tiempo
Santiago Peña
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